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lunes, 23 de septiembre de 2013

El laberinto del minotauro

… Pero qué demonios, si siempre ha sido así. Escritores con exceso de ego y defectos de personalidad los ha habido toda la vida y los seguirá habiendo mientras nos sigáis alimentando. Y ni siquiera escribimos tan bien como para merecerlo, pero siempre ha existido esa falsa mitificación. Ha habido una adoración, una idealización del malditismo por gente que está muy lejos de saber lo que realmente es estar maldito. Maldito es estar a oscuras y no atreverte a mirar a la puerta entreabierta porque te ha parecido ver una sombra con cuernos y una sonrisa de hija de puta y probablemente un arma puntiaguda mientras en la calle los niños gritan y no se ve la luna. Malditas son las generaciones que se acabaron con una jeringa vacía colgando de la vena, las cunas vacías sobre cristales rotos, el final de la luz o que nadie quiera verte ya más. Odio la palabra “malogrado”. Se usa para definir a un difunto que alguna vez hizo algo notable. Nunca la he entendido, me parece una forma muy categórica de encuadrar la obra de una persona entre las de otros que no tuvieron nada que ver aparte de morir antes de tiempo. Los viejos mueren después de tiempo. Sí, se tiene esa imagen de los viejos adorables, con pelo blanco y amables con las personas, de inmortal buen humor. Que la conserve quien se la crea. La vejez es una cosa terrible, se te muere el cuerpo y la mente y te cuesta una eternidad sobrellevar un día entero. Esto lo sé porque tengo ojos y veo cosas, y leo entrevistas a viejos que aun no se han muerto. Lo que es más jodido es llegar a ser las dos cosas: poeta maldito y viejo. ¿Qué credibilidad puedes tener? Para estar maldito de manual has tenido que drogarte desde los doce años y escribir poemas asonantes sobre lo puta que es la vida, las hojas caídas en otoño, el coño que te comiste de joven y ya no tienes y lo frío que hace en invierno. La poesía debe ser sin métrica, sin rima y sin más estructura que la genital, que es más fácil escribir y no hace falta tener conocimientos y, sobre todo, es más fácil evitar ser un coñazo de los que acaban en los libros de Lengua Castellana de secundaria. Se transmite mejor, en definitiva. Pero así no te llamarán poeta de verdad hasta que te mueras de intoxicación etílica o tu padre se apellide Bukowski o Panero. Speak of the devil
Creo que Bukowski es el que mejor se lo montó de todos, porque no se lo montó. Borracho desde los 13 años y virgen hasta los 24, factótum en empleos basura y a punto de desangrarse de whisky, vio el éxito a los cuarentaymuchos o cincuentaytantos y folló con veinteañeras que lo deseaban por lo que escribía. Y tras conocer el amor vivió veinte años más borracho y pseudofeliz sabiendo que cualquier folio mecanografiado con su firma sería dogma de multitud de intelectuales diletantes en Europa y venerado por cualquiera que quisiera ir de profundo. El sí era un maldito, un canalla como pocos, y es mi ídolo como ídolos suyos eran Céline y Hemingway. ¿… Sabes? Yo siempre he mantenido que mi ídolo era Stephen King. Segundo hijo de una familia de clase obrera sin progenitor, con un hermano mayor que era considerado un genio a todos los niveles y criado en un lugar tan muerto como Nueva Inglaterra. Leyó hasta que se le secaron los ojos y a los veintitantos ya era profesor de Literatura y vivía en una caravana con su mujer y dos críos, sin levantar los dedos de la máquina de escribir desde más de la mitad de su vida hasta que dio en el clavo con su primera novela y el resto todo el mundo lo conoce. Es un modelo de héroe de la clase obrera muy encomiable. Pero cuando uno salta entre mundos y acaba conociendo los misterios de la noche, necesita algo más crudo y auténtico que le susurre cierta clase de verdades. La ficción esta bien. Más que eso, es necesaria y seguramente de las pocas cosas del mundo que aun quedan interesantes y algo por lo que vivir, desde luego. Moriría por ella, pero también es cierto que moriría por muchas cosas y me acabaré muriendo por nada. Abraza la oscuridad, permanece angustiado, deslízate.
Todo el que me lee escribiendo sobre la muerte o que simplemente ve en mi mirada cosas que indican que pienso en ella, al menos muchos de ellos, lo achacan a mi interés en los Panero. Mentira. ¡Pero si yo, de hecho, no había oído hablar de la familia Panero hasta el año pasado! Una chica me recitó una estrofa de Canción del croupier de Mississipi, investigué un poco y acabé encargando Poesía completa pero por error recibí el libro de Juan Luis Panero y no el que yo quería, el de Leopoldo María. No fue hasta el otro día, por la muerte de Juan Luis, que me dio por leerme los poemas y me gustaron mucho. Coincido con su visión tan temprana de la muerte y del amor perdido y lo triste que es recordar tiempos mejores en otras ciudades, así como los recuerdos a poetas admirados y amigos desaparecidos. En gran parte, de esto se nutre el imaginario destructivo del poeta maldito, regado por grifa y aguardiente. Pero me temo que Juan Luis nunca salió de su verso desgraciado del que ha vivido mucho sin quererlo. Tras ver el filme ‘El Desencanto’ y su continuación ‘Después de tantos años’, es inevitable hablar de Leopoldo María, el loco, el novísimo, el último poeta maldito (si tenemos que seguir utilizando esta expresión). ¿Por qué está maldito Leopoldo? Es un hombre prematuramente envejecido que se ha pateado todos los psiquiátricos de España y no parece haber sacado conclusiones. Su verso es más afilado, decididamente paranoico, pero también triste y no exento de cierto humor, para quien quiera escarbar en las películas. Sus carcajadas son de niño bobo, de loco de atar, pero tiene poesía para derribar unos cuantos muros de mil eternidades de ancho y hormigón del bueno. La víctima se busca su propio infierno, todo goce comienza en la autodestrucción, y si los que ponen las etiquetas a las cosas quieren considerarlo poeta maldito, no les faltarán argumentos. Pero, joder, maldita exclusividad del gremio. Yo no quiero pasar mi vida en manicomios, canoso y con la boca abierta para que la gente se interese en mi infierno. Toda poesía, como el buen blues, es desgarradora y así debe ser entendida. Es muy bonito que se hagan poemas sobre lo bello que es el valle del pueblo, pero a estas alturas de la muerte no me interesan para nada. Cuando quiera creerme mentiras volveré a la ficción. Si yo intentase escribir un poema sin rima, sin métrica y con las estrofas que me convengan para dosificar el dramatismo y contar anécdotas que me sirvan para desahogarme y obtener mi aura de malditismo irresistible de esos que bajan bragas de forma automática, quedaría algo parecido a esto:

Recuerdos de un verano

Estábamos reunidos a la puerta de la iglesia
Era de noche, hace diez años o más
No lo recuerdo bien
Y uno de ellos vino y me dijo: “oye, he escuchado
Que escribes. ¿Sobre qué?
Yo no tenía ganas de explicar nada
“Sobre otro mundo”
Y otros se unieron y dijeron: “Serás un gran escritor.”
“Iremos a las televisiones a difamarte, diciendo
‘Yo me emborraché con él’ de verdad lo haremos
Ya lo verás, siempre estaremos allí.”
Todos reímos y fuimos colegas

Luego se dieron la vuelta y volvieron al grupo
Fue una breve amistad, no recuerdo
Haber sabido nunca el nombre de ninguno
Ni por supuesto recuerdo sus caras
Hace pocos años uno de ellos me abordó
Me preguntó si era el de aquella vez, recordaba mi nombre.
Yo le dije: “Sí.” Y el dijo: “Genial, ¿cómo estás?”
“Es un placer verte de nuevo. Bueno, voy al coche
A coger la chaqueta que hace frío.”
Se dio la vuelta y yo recé por que no volviese
Creo que se llamaba Adrián.
El fantasma de los cinco minutos.”

Y todo sería de ese estilo. Quizá algunos temas más mordaces, algunos versos más lúcidos, líricas dentelladas sobre el ocaso y la nada, abismos de contradicciones y referencias a la tristeza infinita, a la grifa y al whisky. Pero lo cierto es que no serviría de nada, ya que el malditismo sólo lo llevo por dentro. El malditismo lo ponen los ojos de los demás, y yo lo llevo muy bien. Sigo vivo, nunca he fumado, tomado grifa ni ninguna droga en particular, ni tengo previsto hacerlo de forma consciente, y en cuanto al alcohol nunca he tenido mucho aguante. Mi hígado no es de acero, así que no me espera más agonía que la de ciertos domingos y eso es terrible para la inspiración. El hecho de no tener una vida tan aciaga como los hombres de los que hemos hablado me parece un panorama desolador para mi literatura qué, si fuese tan brillante en papel como me es prometida en mi centro de creación de ideas con ventana a la inspiración ciega, sería un bálsamo para el mundo, y mi imagen sería abrazada como nuevo profeta de la generación que toque. Y me alegra mucho que eso nunca vaya a ser real. Mi ego y necesidad de atención no es tan grande como mi desencanto y alienación ante la relación humana.
Y no creas que soltar todo esto es gratuito. Me estoy mordiendo los labios por no decir la más obvia de las verdades porque no quiero salir de aquí para volver a la realidad. La realidad es que hay más motivos para ser pesimista y para enfurecerse y cabrearse y escribir sobre “la sordidez más puñetera” que nunca, dado el estado y el año en el que vivimos. Esta es, más o menos, una revista de actualidad, ¿no? Y no hace falta que explique lo que pasa. La sordidez de este país de muertos, anticuado, dividido por los que se avergüenzan, entre otras cosas, de formar parte de un estado apolillado y con muchas losas encima. El caso es que escribir por una causa colectiva es loable y bello, pero el maldito no entiende de asociaciones. Ese sólo quiere escribir sobre sí mismo, las mujeres que se folla o se follaba o se quiere follar y no puede y las drogas y la noche oscura. Sé que me he repetido. ¿Sabes? ELLOS TAMBIÉN.
Ese es el laberinto del inadaptado. El poeta corre como herido por el rayo por infinitos recovecos, por los que ya ha pasado varias veces (tómalo como una metáfora de las repetitivas piedras en las que tropieza y por tanto el coñazo que da escribiendo cincuenta poemas sobre cada una), buscando la salida definitiva. Pero el laberinto no solo sirve para encerrar al minotauro, bestia sedienta de sangre de virgen y violencia, sino para impedir la salida a aquellos que osen entrar. Por eso el maldito es tan inaccesible, y has de saber que disfruta de ello. Le proporciona el misterio necesario para causar interés y fascinación sin hacer otra cosa que morirse letra a letra.
Ostracismo, amor perdido, sexo, política y una especie de hipersensibilidad cósmica, además de ciertos homenajes a la literatura y otras artes son los temas recurrentes en la poesía y en cualquier forma de expresión medianamente trascendental. Son también los muros necesarios para encerrar a un minotauro furioso y desencantado con la vida pero temeroso de la muerte, que prefiere invocarla de lejos para luego correr asustado para ver si la despista dentro del laberinto. Es algo contradictorio. El poeta abraza la muerte desde la primera letra que escribe. La necesita y la ama para crecer y la rehuye por la naturaleza cobarde de la raza en la que le ha tocado encarnarse (la única que de momento puede hacer expresiones artísticas), para que lo enmarquen de forma definitiva en el imaginario colectivo de una generación y las venideras. A veces gusto de usar el mito de Prometeo para indicar mi visión de aquel que entrega a los hombres aquello que les hace pensar y crear, y por ese gesto es castigado a sufrir por toda la eternidad. Es un buen mito para cualquier poeta que lo quiera blandir como capa, sí. Pero últimamente veo más interesante el descenso a los infiernos de Orfeo buscando a Eurídice y saliendo de él para ser engañados y convertirse en piedra. Hay cierto romanticismo invencible y quijotesco en ello, y yo, que perdí las ganas de vivir leyendo a Houellebecq, no puedo hacer otra cosa que abrazarme a ello en silencio pensando en Emily Dickinson, porque quisiera morir y languidecer en su mejilla, y en todos aquellos que vivieron vidas mil veces malditas. La peor muerte es la indiferencia, nada de no llegar a ciertas edades ni ver crecer a tus hijos. Vidas tan largas no van con nosotros. Citando a Hank, “los placeres de los condenados se limitan a breves momentos de felicidad”, y así debe ser y, lo que es peor, es. Y para acabar citando a un Panero, “lo peor que se puede ser es un coñazo”, y la vida ya lo es bastante, por eso es conveniente acortarla y llenarla de obstáculos, laberintos e infiernos. Construir un muro de palabras para mantener las noticias fuera.

Traveller C

23 de septiembre de 2013 

miércoles, 5 de octubre de 2011

Análisis de entrada de datos


Sujeto: Charlie Ruiz Murcia
Medio: cenizasdeunmundo.blogspot.com
Analista: Ane Paz Goicoechea

Conclusiones:

  • A ver..
  • por una parte..
  • quieras o no quieras, demuestras quién eres, qué piensas sobre la vida, qué te gusta, qué no, ...
  • Por lo que he podido ver... eres una persona inteligente. Sabes que mediante el vocabulario que una persona utiliza y cómo lo hace, uno puede identificar en mayor o menor medida la "inteligencia" de una persona.
  • Pues bien, no sólo puedo darme cuenta por tu vocabulario
  • y por tu facilidad al escribir y transmitir sentimientos, algo de gran complicación.
  • Sino también por las ideas que plasmas, las cuestiones que llegas a plantearte, lo que te disgusta y gusta
  • En un sinfín de sutilezas.
  • Por otro lado..
  • de alguna forma, como te he dicho plasmas quién es Charlie Ruiz Murcia

  • Creo o al menos eso me ha parecido a mi al leer varios relatos.. que idealizas prácticamente todo. Te haces una idea previa de algo antes de que ocurra, y en el momento en el que lo estás viviendo te das cuenta de que no es lo que esperabas, y se te pincha el globo. Es decir, como no sale como tu esperabas.. no logras apreciar el lindo momento que estás pasando.
  • Además de esto, creo haber notado que buscas un prototipo de mujer que sea inteligente pero que su sensualidad se vea bien marcada

  • La buscas, por mucho que quieras refugiarte en una persona inteligente que te vales por ti mismo..
  • buscas a esa persona con todas tus fuerzas.


Anelista


jueves, 22 de septiembre de 2011

Cuenta atrás hacia el final absoluto del mundo

Hoja 1

El final absoluto del mundo, necesario e irremplazable, se solapa con el final definitivo del verano que se acerca y crece en silencio como cáncer hasta sacar los dientes y comérselo hasta engullirlo y sumirlo en la oscuridad.

Hoja 2

2011: Ya no está de moda morirse por nada.
Han pasado ocho años para que tenga que volver a esta libreta, cuando todo va a acabar. Todos volvemos a nuestros orígenes en el momento del final, demostrando así cuál es sin lugar a dudas el refugio definitivo.

Hoja 3

Vamos a morirnos solos y sin secretos porque hay algo en el pasillo, a contraluz donde nada más puede llegar y no hay vanguardia para la emergencia. Hay algo en cada recodo, acechando en cada giro del camino.

Hoja 4

Y así debe ser. Tiene que haber peligro para mantener el control de prevención del mismo, que nos recuerden que pueden arrancarnos el corazón cada vez que nos adentramos más allá del límite permitido, siendo conscientes de nuestra fatal realidad.



Hoja 5

Para que morirse por algo vuelva a ponerse de moda y sobrevivir sea una vertiginosa rutina diaria y todas las sensaciones sean nuevas y extremas y no haya más aburrimiento costumbrista que el de la calma antes de que todo estalle.

Hoja 6

Ya que mil cosas pueden morderte, sé una de ellas. Anula la confianza total y súmete en la incertidumbre para que cada noche sea bruja y todas las noches brujas y todos los días... los días tengan que morirse de miedo cuando anochezca.

Hoja 7

En verano siempre es de noche, incluso cuando hay luz, porque todo es nuevo y acostumbrarse es lo peor que puede suceder. Por eso el final del interminable verano es el final definitivo del mundo. Y eso no puede permitirse. No debemos consentirlo.

Hoja 8

Si estás frente a un muro, obsérvalo detenidamente. Siempre, absolutamente siempre, habrá un agujero minúsculo. Atraviésalo, rómpelo, ábrete paso. Ocupa el otro lado con tu presencia y haznos saber de ella para que vayamos a por ti.

Hoja 9

Debemos acabar con el mundo. Es demasiado viejo, aburrido y pasado de moda, como yo. Debemos acabar con el mundo y conmigo para enaltecer nuestro recuerdo y relanzarnos cuando sea el momento coyuntural más apropiado y entonces arrasar.

Hoja 10

Miedo. Tengo miedo de mí mismo y sé que en cualquier momento podría morir. El aburrimiento me mata. La costumbre me tortura. En algún lugar hay una región volcánica con la tierra oscura y lava ardiendo y las montañas escupen fuego.

Hoja 11

Hombres con la cara negra arengan esclavos a labrarla tierra árida impracticable. El calor y la roca caliza hacen de ello un infierno. Soy el hombre, el esclavo, la tierra y la roca. Vivo al doblar la esquina, al final del infierno.

Hoja 12

Miedo. La consciencia minuto a minuto de mi propia mortalidad me llena de pensamientos oscuros que se materializan de noche cuando los demás duermen y soy el único ser vivo aquí y veo la frontera, la última, el final del verano

Hoja 13

delimitado por el negro y naranja de la noche que sangra amanecer como una línea en el horizonte inexorable y miedo miedo miedo en los rincones de cualquier lugar porque para eso existe, para saber que estamos vivos.

Hoja 14

Por eso jugamos, porque somos mortales y no sabemos lo que va a pasar, nos acobardamos pero seguimos jugando. Si vas a morir, procura dejar huella. Si vas a vivir, procura hacerlo cerca de alguien. Y muere por algo.

HOJAS EXTRAVIADAS

Y el fuego

Y dices que

El final definitivo del verano llegará cuando la gente deje de preocuparse porque se acabe y

1. Estadísticas.
2. Objetivos.
3. Configuración.
4. Preferencias.
5. Parámetros.
6. Control.
7. Anexos.

lo disfruten todos menos el único que se preocupa porque se terminará acabando y se pasa todo el verano naranja interminable tiñéndolo de negro porque es lo único que sabe hacer y mira a los otros disfrutar y se imagina riendo con ellos y escribiendo algo del tipo "Cerveza, música, gente, sol, lluvia, vino, trenes, autobuses y aviones, abrazos, discusiones, sonrisas y desacuerdos, carcajadas, vodka, café, sofás, literatura, canciones, cineclubs, 2001 odisea como puedas, txoznas, pogos, oscuros objetos de deseo, tiraflechas, aventuras etílicas, "eso me han contado, pero seguro que es mentira", carreras en la pista, máquinas y ejercicios, piscina, paseos por la playa, amaneceres en cualquier sitio, la tal que si cual, euskal musika, misoginia justificada y sin justificar, magia negra, juerga y muchos rocanroles, movidas muy pardas, vivir al límite, ausencias muy presenciales, wish you were here y muchas, muchas noches brujas. Gracias a todos por el último verano del año. Nos vemos el que viene." y acaba teniendo añoranza de aquello que no ha vivido, que es lo peor que le puede pasar. Eclipsado por su propia sombra.
La silueta de un ángel recortada a la contraluz del foco sobre el brillo de la puerta. Si ha bajado, ha podido hacerlo por muchos motivos. Para guiarme, para castigarme. Quizá todo hasta ahora haya sido una prueba y la he superado y ahora se ha abierto el Paraíso para mí. Quizá la Virgen María me proteja en su infinito Amor y Misericordia y nunca tenga que sufrir más. Quizá esas cosas existan. Quizá consiga todo lo que me proponga. O quizá la silueta no sea más que una ilusión vista desde el ángulo adecuado. O quizá las alas no sean más que la sombra de mis brazos levantados con las manos puestas sobre la nuca y

- ¿Qué es esto?
- Esto es un pupitre.
- ¿Dónde estoy?
- Sentado en el pupitre.
- Todo está oscuro. ¿Por qué no puedo moverme?
- Estás atado al pupitre y tienes una venda.
- ¿Quién eres tú?
- Tu compañera de pupitre.
- ¿Cómo te llamas?
- María.
- ¿La Virgen María?
- Sí.
- ¿Y que hacemos aquí?
- Estamos en la escuela.
- No quiero ir a la escuela.
- Tienes que ir a la escuela.
- Ya lo sé, pero no quiero. Ya fui.
- A todos nos viene bien volver.
- ¿Esto es una regresión?
- Sí.
- ¿Hacia dónde?
- Hacia mí.
- ¿Por qué?
- Porque hace mucho que esto se tiene que acabar.
- Quiero volver a donde estaba antes.
- No. El verano se tiene que acabar.
- ¿Y el mundo?
- El mundo ya se acabó hace mucho. Pero todavía tienen que rematarlo.
- ¿Quienes?
- Los de detrás de la cortina.
- ¿Los raros?
- Siempre son esos.
- Los detesto.
- Vete haciendo la cuenta atrás.
- No quiero.
- Ellos la harán por ti. De todas formas, no hay mucho que puedas hacer.
- Odio todo esto, estos pupitres y la oscuridad. Ya pasé todo eso hace mucho.
- Esto es una regresión definitiva.
- No quiero entrar dentro de ti.
- Pero lo harás. Ya quisiste antes. Ya estuviste antes.
- No eras tú.
- Si lo soy. Yo soy María.
- No eres más que una figura.
- Yo soy María. Yo soy Eva. Yo soy la Mujer.
- ¿Y yo quién soy?
- Tú eres el que está sentado en un pupitre.
- No. Yo estaba... ví un ángel. Era verano.
- ¿Dónde estabas para verlo?
- Justo al final del verano. Estaba tirando de lo naranja del horizonte para que no se fuera.
- ¿Ahí viste al ángel?
- Sí. Pero ahí ya estaba en mi habitación. Me había caído y el verano se había ido.
- ¿Un buen verano?
- Sí. El mejor. Aunque no me dí cuenta hasta ese momento.
- Entonces ese era el ángel de la Misericordia.
- ¿Por qué?
- De la Misericordia por los soñadores que no saben más que soñar en vez de vivir.
- Yo soy eso. Me he pasado el verano sin saber que estaba disfrutando.
- Por eso estás aquí. En la cuenta atrás hacia el final definitivo del mundo.
- Pues que se acabe. Me da igual.
- Debes saber que esto también pasará.
- ¿Y luego? ¿Qué viene después?
- Luego nada. El mundo se acaba y tú vuelves a mí.
- Pues que se acabe. Me da igual.
- ...
- Al fin y al cabo, ya he disfrutado lo suficiente.
- ...
- Me estoy dando cuenta de muchas cosas.
- ...
- La vida misma, y este verano, son meros actos de regresión. Cuando nos divertimos y estamos todos juntos, en el fondo, estamos comparando otras diversiones de otros años con otras personas en otros lugares. Cuando bebemos, no es nada que no hayamos hecho antes e intentamos recordar cuando supo mejor. Aunque este verano haya sido el mejor, sin duda, del año, en alguna parte de nuestra memoria yace un recuerdo mejor. Es "la edad de oro", el añoro de lo que no se ha vivido jamás. Es "la nana dormida", el recuerdo genético de nuestro primer llanto, el primer sonido que escuchamos todos los seres humanos cuando nacemos. La mejor canción de la historia. Nos pasaremos nuestra vida buscando la canción que nos haga sentir lo mismo y llegaremos al final sin encontrarla. Ya lo dije muchas veces, la vida es un mandala lleno de puntos y bifurcaciones que siempre termina igual, pero ahora sé que hay formas de sobrellevarla mejor. Por ejemplo, cuando despiertas por la mañana y te da por pensar en tu infancia y en los amigos con quienes la compartiste. O cuando sale el sol. O cuando cantamos. O cuando no tienes miedo. Pero sin miedo, todo sería demasiado fácil. Usando el miedo como barrera y a la vez motivación para seguir adelante, pero con cuidado. Porque si lo domásemos, si dejásemos de tener miedo, se nos abrirían todos los tesoros de la vida de golpe. El miedo es lo que da alas a los hombres para soñar y vivir al límite. Quizás consigas todo lo que te propongas en esta vida. Quizá al idealizarla a ella haces que sea inalcanzable, y sólo lo sea porque tú lo has decidido. Quizá si no tuvieras miedo todo sería más fácil y podrías tenerla en vez de mirarla desde lejos. Quizá lo haces porque sabes que aunque siempre sea lo mismo, el tener albergado a estas alturas un sentimiento verdadero y efímero por alguien como ella sólo sirva para que tengas algo que contar que haga que te brillen los ojos. Quizá no sea para tanto y quizá si agarrases al miedo y le cortases las alas todo te iría mejor y superases tus propias limitaciones, pero así ya no sería lo mismo.... Baina horrela ez zen gehiago txoria izango, baina horrela ez zen gehiago txoria izango, eta ni txoria nuen maite. Eta ni, orain, maite zaitut. Nahi dudalako.
- El mundo se acaba y tú vuelves a mí.
- Pues sea.
Y se hizo la luz.

Uuuuhhhhh, babe....
Uuuuhhhhh, babe....
You'll always be a baby to me.

EPÍLOGO: ÚLTIMA HOJA DE LA LIBRETA
Se trata de una hoja de papel cuadriculado en bastante mal estado y medio arrancada de las anillas. En ella hay boceto y algunas palabras sueltas. Adjunta a la contraportada de la libreta con un clip hay una fotografía de un amplio grupo de gente joven. El pie de foto garabateado reza: "Fin oficial del verano interminable 2011. Gracias a todos." En la última línea de la hoja cuadriculada reza: "Love is just a memory." En la tapa de la contraportada, por último, está grabado "Nos vemos en 2012."

Ahora es ahora y eso es lo único que cuenta. Gracias a todos, otra vez.

Charlie, septiembre de 2011

martes, 14 de junio de 2011

But I'm just a moonlight mile away, down the road...


- No deberíamos vivir aquí. – Dice Charlie.

- Debemos vivir aquí. – Opina Lea. – Es la ciudad del arte, Charlie. Tenemos todo lo que queremos, sobre todo tú.

- ¡NO!

Lea se sobresalta y Charlie se levanta de un brinco, enfadado.

- Yo no debería vivir aquí, en esta ciudad de iletrados. No es digno.

Lea se resigna a escuchar una vez más lo que ya se sabe de memoria, mientras Charlie grita al ventanal empapado.

- Ya te lo dije, he dejado de tomar las cosas como son para tomarlas como deberían ser, y así siempre tendré razón porque hablaré con el mayor conocimiento y verdad absoluta que existen. ¿Sabes? Son los años veinte o treinta, no sé, y esto es París. Da absolutamente igual que no sepa decir ni una calle ni un barrio ni un río ni un misterio de París porque estoy aquí con Hemingway y el maldito Henry Miller, el que sabía inflamar un coño mientras los demás solo encendíamos fuegos, y son mis mejores amigos. Nos sabemos de memoria los bares, los burdeles y los callejones, pero no cómo salir de ellos, y todas las noches son una fiesta. Escribo mi puto trópico de sagitario en honor a mí y ahí sí que podría llegar a quererte, por que allí estaríamos iguales, a la altura, lo sabes, y no es que no te quiera, pero no aquí, lo sabes, ¿verdad? Y sé que no me has pedido esta catarsis así que trataré de esquivarla verbalmente retomando el alcohol que corre por nosotros mientras nosotros corremos sobre él para correr por París. Escribimos en cafés bohemios donde en las estanterías se apoyan todos los libros zaparrastrosos del mundo, que se limita a París, así como se limita a Painville para esos gilipollas de las barbas, aunque Ernest y yo llevamos barba honrosamente y no somos ningunos gilipollas, y a ti te lo puedo decir, él es mucho mejor que yo y me muero de envidia mientras le veo escribir, y cuando cotilleo sus manuscritos mientras él yace dormido sobre alguna puta en la habitación de al lado, cuando no la ocupa Miller con Tania y dos monedas de un franco. Me muero de envidia porque por mucho que lo intente, por mucho que escriba, beba, odie, folle, aspire y muera nunca podré escribir así, por lo que tengo que limitarme a ser el mejor de esta mierda de ciudad, Painville, muy lejos de ese París donde todos estamos juntos y solos y muertos y nos divertíamos más de lo que hacemos aquí, donde el estar juntos y solos y muertos no es una opción. Sí, ya he acabado.


Creo que a Woody Allen le gusta mi novela, o al menos se pasa por el blog en el que está colgada la primera mitad (http://uroboros87.wordpress.com/) porque hace más de año y medio que escribí esa parte y, acabando de ver su última película "Medianoche en París", tenéis que admitir que la premisa es bastante parecida (quitándole el componente oscuro que orgullosamente debo a Henry Miller y sus trópicos).

En esta preciosa nueva cinta de Allen (y van...) se hace un homenaje a la ciudad de París primero, y una crítica al sentimiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor, a "La edad de oro". El personaje de Owen Wilson, un escritor desencantado, está enamorado del París de los años veinte, como yo, y todas las noches desde las doce un misterioso coche lo lleva a ese mundo, donde conoce a Hemingway, Fitzgerald, Gertrude Stein, Cole Porter, T.S. Eliot, Picasso, Dalí, Buñuel... y allí conoce al personaje de Marion Cotillard, guapísima y encantadora como siempre. Pero ella no siente esa idealización por los años 20, porque es la época en la que vive. Para ella, la edad de oro tuvo lugar unas décadas antes, con Tolouse-Latrec y el Moulin Rouge. Así que nuestro rubio protagonista acaba quedándose en París, pero en la época actual, dejando a su estúpida prometida con sus insufribles amigos y padres y se deja llevar por la nostalgia. acompañado de la vendedora de discos antiguos de Cole Porter. El significado está claro.

La edad de oro es un invento de nosotros, los soñadores. Los nostálgicos que vivimos en una época gris y lo cambiaríamos todo por volver al pasado. En realidad, ese es, como he dicho muchas veces, el verdadero motivo de escribir y crear cosas. Para calmar esa nostalgia que nunca veremos, porque si la vemos tal vez acabemos desencantándonos.

Barcelona es mi París particular. Los tiempos no son los mejores, nunca lo serán, pero siempre se puede callejear y perderse, que es para lo que están las ciudades. Para perderse y encontrar la forma de unos labios que te vuelven loco, una multitud de estudiantes recitando "Aullido" de Gingsberg al unísono con gargantas enfurecidas y un grupo de amigos borrachos en una taberna cantando Wish you were here. No podré viajar en el tiempo ni conocer a Hemingway, ni siquiera he ido a París ni he vuelto a conocer a otra chica más guapa, más heterosexual y menos imbécil que lo merezca, pero sigo intentándolo. Al fin y al cabo, todos nosotros lo hacemos lo mejor que podemos, porque para eso estamos aquí. Siempre en el camino, bajo la luna y al costado del misterio.


jueves, 10 de febrero de 2011

B.


Estamos sentados a la entrada de la piscina, y el calor es sofocante. Nos miramos, mordiéndonos los labios por tener que reprimir lo que sentimos, y de repente todo el mundo desaparece. Se han ido para dejarnos solos. Tú, a través de la verja, dices que quieres echarte al agua porque estás quemándote. Levantas tus piernas, colocando los pies sobre mis rodillas para que vea como cambian de color por la luz del sol sobre las sandalias. Te las desabrocho lentamente y con cuidado, acariciándote los tobillos y voy subiendo el dedo rozando tus piernas, hasta que me detienes y me pides que te lleve a la piscina. Me levanto, colocas tu pie descalzo sobre mi bulto en llamas y lo frotas. Acepto mi condición de servilismo y me quito toda la ropa. Te cojo en brazos, nuestras narices casi rozándose y tu culo sobre mi pene a punto de estallar. Te llevo desnudo hasta la piscina y te dejo en el borde. Nos miramos, mis manos están en tu cintura. Me acaricias el cuerpo mientras me miras con tu sonrisa de saberte ganadora. Descubro el hechizo que has causado. Si me corro, reaparecerá toda la gente. Tu superioridad me excita. Me pides que te quite la ropa para poder bañarte. Me arrodillo y desabrocho tu cinturón. Tus ridículos pantalones crean marcas sobre tu perfecta piel, tu perfecto cuerpo. Los bajo a la par que tus bragas, quedando amontonados sobre tus pies. Tu rubio sexo es como el sol. Lo beso educadamente. Intento poner las manos sobre tu culo, pero recuerdo la condición mientras sonríes satisfecha. Voy levántandome a la par que levanto tu camiseta ceñida para comerte, lolita. Tu cara y tu blanco sujetador me aguardan. Me muero por besarte. Desabrocho tu sujetador con delicadeza, dejando tus tetas al aire. Ahora estamos desnudos frente a frente. Empujo mi polla contra tu coño, trastabilleas con el pantalón y caes al agua. Me lanzo encima, y sale humo cuando me sumerjo. Nos encontramos y nos abrazamos bajo el agua. No me contengo y manoseo desesperadamente tu cuerpo, haciéndote daño, para que sepas que estoy ahí. Me agarras la polla y tiras fuerte de ella para detenerme. Recuerdo tu superioridad y paro. Me arrodillo bajo el agua mientras tu te quedas arriba chapoteando, y localizo tus pies flotando ante mí. Me agarro a ellos, besándolos y voy trepando por tus piernas, ahora sí, hasta colocar mis manos sobre tu perfecto culo, acariciándolo. Asomo la cabeza por encima del agua, sobre tu ombligo, y te elevo, tu perfecto cuerpo desnudo al sol, tus pezones duros, las gotas de agua brillando, tu pelo mojado, tus ojos cerrados, tus labios anhelantes. Eres la imposible perfección para mí. Quiero servirte por siempre. Suben mis manos acariciando tu espalda y sube mi boca hasta tus tetas, por fin. Me quedo en ellas, lamiendo tus pezones, mordiéndolas, chupándolas, hasta llegar a tu cuello mientras gimes y te pegas a mí. Agarras mi polla y empiezas a masturbarla. Haz lo que quieras. Es tuya. Somos tuyos. Nos besamos intensamente de todas las formas posibles. Tus manos se vuelven locas y me soban, me manosean indecentemente, me arañan y me hacen sangrar. Eso me excita aun más y busco tu coño. Lo acaricio a tientas, introduzco un dedo, dos y llevo la polla hasta allí. Rodeas mi cintura con tus piernas y te penetro a la par que mi lengua penetra tu boca mientras te abrazo con fuerza. Te follo durante horas sin necesidad de correrme, controlando los tiempos, mientras tu te corres frecuentemente y te quedas sin fuerzas, agotada y desnuda en mis brazos. Desfalleces, y te saco del agua en mis brazos. Te llevo al césped y te tumbo sobre una toalla, secando tu cuerpo al sol. Te quemarás sin protección, así que me agencio un bote y lo extiendo por todo tu cuerpo. Empiezo besando las plantas de tus pies, los empeines, entre los dedos, masajeando hasta que te despiertas y sonríes. Te hago partícipe de mi sumisa adoración. Extiendo la crema masajeando desde tus tobillos a tus ingles. Acerco mi boca a tu coño y te lo beso hasta que vuelve a abrirse, momento en el que mi lengua se vuelve loca hasta que te corres violentamente. Relajo tu cuerpo aquejado de espasmos de placer, ahora extendiendo la crema por tu abdomen, cintura, tetas, hombros, brazos, manos, cuello. Acaricio tu cara, te beso y te doy la vuelta. Tras dar crema en la parte posterior de tus piernas, masajeo tu culo para hacer desaparecer las marcas de tu ridículo pantalón. Lo cubro de besos y me siento sobre él, mi llameante polla sobre la raja de tu culo, para hacerte masaje en la espalda. Doblas tus piernas acarciando con tus pies mi espalda desnuda que está quemándose al sol. Masajeo desde tu culo hasta tu cuello, con especial trabajo en los hombros y parte posterior de tus brazos. Acaricio cada milímetro de tu piel. Te beso el cuello apasionadamente, me arrodillo y ya sabes lo que toca. A cuatro patas, agarro tus tetas mientras introduzco mi polla por tu culo repetidas veces. Exhausto, caigo sobre el césped. Tu turno. Manoseas mi cuerpo y te metes mi polla en la boca, besándola, chupándola, mordiéndola. Haces lo que quieres conmigo y yo me entrego a tus placeres. Finalmente, tumbas todo tu cuerpo sobre el mío y nos besamos apasionadamente. Te abrazo y giramos sobre el césped, manchándonos de verde mientras seguimos besándonos y rodando hasta caer en la piscina. Vuelvo a penetrarte. Esta vez me corro con tal violencia que todo el mundo reaparece de repente y nos miran, excitados. No me importa. Sigo disfrutando de tí, y quiero que dure eternamente.


miércoles, 19 de enero de 2011

Crisis en escenarios infinitos (nuevo artículo a concurso)

CRISIS EN ESCENARIOS INFINITOS

Agonizando, erigiéndose una y otra vez por encima de sus posibilidades, la ficción nacionactual resurge heróicamente (y, buscando desesperadamente incrementar las audiencias, eróticamente) sin que nadie se lo haya pedido. Ese es el principal error de todo esto. Un planteamiento desactualizado, pensar que al público le sigue importando el asunto. Claro que le importa, pero a un sector característico. Aquel que compra libros en El Corte Inglés, asiste impertérrito a la última emisión del programa derritecerebros de turno, no se acerca a un cómic ni a tiros, aprende música gracias a la radio y tiene que esperar a que doblen las series para verlas. Desgraciadamente, muchas cosas. Desgraciadamente, es el sector más grande (ya se sabe lo del cántaro vacío, que es el que más suena). Es un círculo en el que se mueve demasiado dinero en comparación al escaso talento que se invierte (mirad tan solo el número de cineastas que están triunfando últimamente en el extranjero realizando cosas que aquí no se puede ni soñar), y el dinero vuelve a estar mal repartido (este discurso no necesita argumentaciones a estas alturas, porque asumo que recolectas un mínimo de información para entender las cosas que lees, y si no es así no te acerques no sea que contagies algo.) Al fin y al cabo, poco importa todo esto para la repercusión que va a tener. Sé de alguien que ha pasado los últimos diez años escribiendo cosas parecidas, cambiando de identidad, acumulando premios y su capacidad de repercusión sigue siendo nula (asumamos que un par de "Me gusta" y un comentario de contenido similar o menor no hacen un mínimo contabilizable de importancia), porque sólo hay una cosa mayor que la importancia de la ficción en la sociedad, y es la infinita capacidad de absorción de la inercia vital que nos rodea.

Ante todo eso, la única forma de experimentar algo de alivio, de sobrellevar las condiciones de idiotez autoimpuestas y no caer en ese abismo es entonar un sabio, épico y contumaz "Bah, que os jodan". Poco o nada sigue importando. Mientras las cosas existan por mera inercia, se perderá su sentido de la importancia. Acumularán alguna crítica puntual y se olvidarán, porque seguirán estando ahí para nadie. Esta es la verdadera realidad del universo. El aburrimiento vital, que se lleva por delante todo lo existente, sin saber de alineación, bueno o malo o cualquier otra distinción existente. Agujerea la memoria y el subconsciente por donde se cuela todo el espectro ficcional, minimizándolo, condenándolo al olvido y a la no-importancia. Esta es la última de las verdades cósmicas, el lugar donde acaba todo. ¿De qué sirve todo el esfuerzo? Constante exposición a la extinción de la intención, con lo que todo el espíritu que pueda tener una obra queda relegado no ya al intelecto, ni siquiera al interés, tan sólo a la leve probabilidad de que alguien se cruce en su camino y le preste atención. Ante esta mera ley estadística, el futuro de la civilización está condenado. Y seguimos buscando el refugio definitivo.
Hey, Aqualung...

Pero no era esto lo que quería decir. Volviendo, por ejemplo, a esa persona que tanto gana que he mencionado antes, esos premios no hacen sino demostrar su absoluto desconocimiento del mundo del teatro y el menor interés por solucionarlo. No son más que adaptaciones a dicho formato de historias que pasan por su mente con mucho componente de martirio, confesión y ficción autobiográfica. Y sobre todo, como le gustaría que fueran las cosas, exageradas, antiguas, atemporales, vistosas, oscuras, decadentes... como ya se ha dicho, ficción. La defensa de su existencia y la lucha por expandirla es el motivo por el que escribimos, y escribimos por ansiedad. Queda mejor llamarlo angustia existencial, y es verdad. Hay mil razones por las que uno escribe, y todas son válidas. Pero la angustia existencial la sentimos todos. Las demás (rabia, frustración, deseo, necesidad de contacto, necesidad de compasión, búsqueda, sensación de pérdida, sueños, mostrar admiración, dedicar cariño, recordar, superar, criticar, declarar la guerra, crear afinidad, egocentrismo, ansia de éxito, desahogos, hacer dinero, amor), todas se reducen a la propia expresión, y el objetivo final no es otro que la comprensión mutua con otras personas. No hay tal cosa de mayor importancia que esa en el mundo. Nos expresamos para conectarnos con otras personas y sufrimos porque no lo conseguimos, o porque no agradamos a las personas que deseamos y agradamos a las que no deseamos. Y nunca es suficiente, o no lo es por el tiempo necesario. Ese es el motivo de todo. Por eso nos abrimos blogs y escribimos lo que llevamos dentro, o lo que creemos que nos va a dar la mejor imagen para conocer a las personas -esperemos- más afines a nosotros o a como nos gustaría ser. Pero eso tampoco funciona, porque la afinidad inicial no pasa de ahí. En la vida real y aquí, estamos condenados a no encontrar a quien idealizamos e idealizar a quien encontremos que nos acepte, porque es mejor que nada. Conformarse y pensar que es lo mejor de lo que había. No. Es lo mejor a lo que podemos aspirar. Y al final, da lo mismo. Nadie puede calmar esa angustia ni impedirnos volver a la ficción como refugio contra el mundo real, porque eso es lo que es. Una evasión en la que nos llenamos la cabeza con cosas como justicia, intriga y relaciones como mayores problemas para evitarnos hacer frente ahí fuera a la necesidad de progresar en la vida, tener un coche, un trabajo, una posición social y demás principios de Maslow. Porque aquí duele menos hundirse. Esta incapacidad de influir agota. Pese a ello, creo que una obra de ficción ha cumplido con su cometido cuando personas que no tienen nada en común se reúnen en una terraza al sol con sus vasos y hablan de ella. Me gustaría conseguir eso. Y que sea importante para alguien. Después de todo, gustar es lo que perseguimos para saber que sienten por nosotros lo mismo que nosotros sentimos por las cosas que nos gustan.
Veneno para las hadas.

Imaginemos por un momento que Dios existe y es Amor. Que su majestuosa bondad y su misericordia nos acompañan y la vida no se extingue, sino que sobrevive varios miles de años hacia delante. Que el universo se inicializa, se extiende, se renueva, se fusiona, se finaldetemporadaliza y se añouniza infinitas veces hasta plantarse en un punto determinado en el futuro, y hemos sobrevivido. Se han perdido todas las formas clásicas de ficción, por fin, y no tenemos que preocuparnos más por preservarla. Se acabaron las diatribas y las separaciones. A millones de años luz, ya no cabe lamentarse por lo perdido, pues podemos alterar la velocidad con un pensamiento y rápido cada vez más rápido volar a recuperarlo sin detenerse y volver aquí a la mayor velocidad existentemuchomásdeloquepuedesimaginaryelrestodemundossevanacabandoanuestrovuelo y todo eso sin pisar el acelerador hasta que en un momento dado aterrizamos. Hemos volado muy lejos, a una atalaya bajo las estrellas desde donde se divisan las ruinas de un antiguo coliseo. Vacío, ¿y qué importa? Bajo este cielo negro, lleno de estrellas, bajo el que hemos nacido, compartimos el mismo destino. Exhaustos, lo contemplamos otra vez, donde se unen supernovas que se queman y galaxias que se hunden. Como un héroe, el neónico último letrero se acerca inexorable, "THE END". Demasiado envalentonado, demasiado pronto. Antes de que nos alcance, una flota estelar lo abate a tiros, lásers y cualquier parafernalia que sirva para reducirlo a cenizas, las cuales tardarán años en caer hasta nosotros, pero lo más probable es que sigamos aquí. Nos levantamos y saludamos. El eco de los aplausos milenarios, que aún reverbera en las ruinas después de tanto tiempo, nos despide hasta la próxima. El mundo se ha salvado una vez más. Al fin y al cabo, todo es susceptible de ser reinventado y ninguna base es inamovible para construir una narración, ya que según mis propios preceptos:
a) Cada átomo del Multiverso vive atrapado en el eterno retorno y forma un Uróboros interplanetario.
b) El bien y el mal existen y su lucha es la base de todas las historias, pero no existen de forma absoluta sino complementaria.
c) La imaginación y el romance son las herramientas de la creatividad. No podrás crear nada sin ellas. Y el romance es inherente y necesario para cualquiera. Para bien o para mal. Es imposible y poco recomendable vivir sin estar enamorado de algo.
d) Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.
e) Ficcionalmente hablando, el punto anterior es mentira.
f) Teniendo todo esto en cuenta y volviendo al principio de la crisis, el principio de no repercusión que obtienen las creaciones no tiene la menor importancia. Ese es el chiste final. El nombre del autor no importa. El sexo (o sexos) del autor no importan. Incendiar literariamente una institución (o todas) y que las mismas te lo premien, tampoco importa. Escribir sobre la decadencia y triunfar es gracioso de cojones, pero tampoco importa. Lo único que tal vez importe es que alguien se acuerde de todo eso miles de años después y se muera de risa. Eso, y las miradas desconcertadas del público del primer párrafo. Creativamente hablando, sería mejor que no existiese, pero si no, habría que inventarlo. Sin duda.
Per aspera ad astra.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Nuevo guión teatral



MANDRAGORA AUTUMNALIS

Una relación emocional intensa en cinco actos

Recomendado para
lectores adultos

Acto I
Well of course I'd like to sit around and chat
But someone's listening in.
Radiohead

(El escenario está completamente a oscuras. De él emergen gritos desgarradores a un volumen considerable, cada vez más ensordecedor. Se prolongan durante algunos minutos. El último grito se transforma en una pérdida gradual de voz hasta terminar en un gruñido que se desvanece. Se abre lentamente el telón. El escenario es la consulta de un psiquiatra. Al frente están los clásicos diván y sofá, más al fondo una mesa de despacho y en las paredes diplomas y cuadros. No hay puerta ni ventanas. Iluminación sombría. H. y el doctor Rimunades están allí. H.,joven, tumbado en el diván, viste con ropa negra y una chaqueta de cuero marrón. El doctor Rimunades, anciano, con chaqué, en el sofá, sin mirarle, con una libreta. Ambos llevan gafas idénticas. El volumen de la música desciende gradualmente hasta desaparecer.)
H.: Pensé que duraríamos.
RIMUNADES: ¿Y le sucede a menudo?
H.: No, normalmente dedico más tiempo a pensar que a durar. Supongo que ahora debo hablarle de ella.
RIMUNADES: No, no quiero que me hable de ella. No me interesan las personas que no se encuentren en el diván de mi consulta durante mi horario de trabajo. Hábleme de usted.
H.: Yo no tengo demasiado interés, la verdad. Todo el que pudiera tener me lo robó ella, y ahora sólo deambulo errante. Por eso estoy aquí, para librarme de la maldición.
RIMUNADES: Está bien. (Fastidiado.) Hagamos una cosa: Hábleme de su relación con ella y lo que le ha provocado. Así puede que lleguemos a alguna parte.
H.: (Sacando unas hojas del bolsillo de la chaqueta.) He traído esto. Son algunas cartas que le escribí en determinados momentos de la relación. Es menos doloroso que tener que contársela. La primera es de...
RIMUNADES: ¡Por Dios, no! ¿Tanto le cuesta hablarme un poco con sus propias palabras?
H.: Eso me temo. Ella me ha vuelto así y ya no tengo interés por nada, ni siquiera por escribir acerca de ello. Lo cual es un problema, porque me impide cumplir los plazos de publicación.
RIMUNADES: De acuerdo (Refunfuña), si no hay más remedio... Hágame una síntesis, o léame sólo los párrafos importantes para que me haga una idea del tema. ¿De cuando es esa primera carta?
H.: Abril del año pasado. El fragmento más esclarecedor dice así, y cito textualmente, (leyendo con mucha entonación y gestualizando) "Por eso conocerte puede ser tan atrayente, como peligroso, como puede merecer la pena. Y en eso llevo ya un buen tiempo. Sí, quiero idealizarte. Sé lo que me juego y los riesgos que conlleva, pero el sentimiento que nace al idealizarte, ese mismo al que tu encendiste la mecha, es superior a todo eso, y lo que importa es..."
RIMUNADES: Suficiente, he captado el concepto. Pasemos a la siguiente carta. Si no le pregunto por la reacción de ella es porque me la imagino. Continúe, por favor.
H.: Ésta es de otoño del año pasado, después de morirme de desilusión: "Ya no hay ciudades que investigar ni contigo ni en tu busca. No quedan sombreros ni abrigos largos que calzarse ni oscuros rincones de bares en los que ocultarse. Ya no tiene sentido mirarte a través del humo del cenicero más cercano que haya entre nosotros, y menos sentido seguir ocupando un lugar aquí habiendo tanta gente esperando para sentarse en esta posición privilegiada. Abandono. Abandono a favor de los que aun creen que de ilusión también se vive. Es la mejor cesión de asiento que he escuchado nunca. "
RIMUNADES: ¿Vamos al grano, por favor?
H.: (Sigue leyendo) "Nada a lo que pegar fuego..." (El doctor Rimunades hace ademán de interrumpirlo, pero H. continua) "Atisbo una pintada enfrente de mi hotel mientras la ciudad se desmorona a mi alrededor, “Solo solos somos libres”. Para lo único que soy libre es para afirmar que te carga el diablo y estás construida sobre un cementerio indio. Dirán que debo alegrarme, pero yo no he ganado nada. No me va eso de alegrarme por los éxitos ajenos, en cambio adoro el Schadenfreude. Pero nada de eso tiene cabida ahora. Afirmar o negar es indiferente a estas alturas. Niego ser capaz de incendiarte. Niego ser capaz de comunicarte. Niego ser capaz de expresarte. Niego ser capaz de acompañarte. Niego ser capaz de gustarte. Niego ser capaz de esperarte. Afirmo ser capaz de imaginarte. Afirmo ser capaz de soñarte. Afirmo ser incapaz de interesarte, y siempre lo seré." (Se detiene y se tapa los ojos con la mano.) Eso es todo. Había un par de cartas más, pero no tengo ánimo para leérselas.
RIMUNADES: No se preocupe, es comprensible. ¿Y lleva un año entero en este estado tan deplorable?
H.: Sí, unas veces más que otras. Ojalá se redujese sólo a esto, a atormentarme en forma de recuerdo, pero no es así.
RIMUNADES: Sorpréndame. ¿Hay algo más terrible que eso?
H.: Aparece en mi habitación por las noches y me viola.
RIMUNADES: Ojiplático me hallo. ¿Y de qué se queja, entonces? Debe de ser lo mejor que le ha pasado en su vida.
H.: No se imagina lo desagradable que es. Es decir, ahí estoy yo, indefenso en un mar de trágicas lamentaciones y, ya sea por su magia negra, por uso de la proyección astral, qué sé yo, aparece ella como una bruja y abusa de mí mientras me recuerda que nunca será mía. Es humillante, y dura toda la noche. Quiero que se acabe, doctor.
RIMUNADES: Cada loco con su tema. Le voy a recetar paroxetina[1], que nunca viene mal. (Garabatea en su libreta.)
H.: No, no, no. Conocí la paroxetina antes que a ella y un antidepresivo anuló al otro. No me va a servir de nada. Ya no tiene efecto sobre mí. Incluso preferiría probar algo más fuerte.
RIMUNADES: Muy bien, experimentemos. Prepárese para la mandrágora.
H.: ¿Mandrágoras? Pensaba que se limitaban a la existencia mitológica. ¿Es tan fácil como pedirlas en la farmacia?
RIMUNADES: Se sorprenderá de lo avanzado que está el mundo místico y su interacción con el nuestro. (Termina de garabatear, arranca la hoja y se la da.) Aquí tiene la receta y las dosis pertinentes. Vuelva en una semana y me cuenta.
H.: Doctor, en una semana hay muchas noches. ¿Cree que sobreviviré? Es mucho esperar. Y además, si recuerdo correctamente, el jugo de la mandrágora puede ser letal. ¿Pretende matarme?
RIMUNADES: No, al menos de momento, pero si sigue gimoteando así tal vez me lo plantee. Nos vemos.
H.: Pero... ¿Qué clase de doctor es usted? Me receta una planta que hasta ahora creía que sólo existía en las leyendas y aún espera que confíe en usted. Si yo...
RIMUNADES: Puede confiar en mí o quedarse con esa ninfa de la que habla, pero acabará volviendo aquí. Es sencillo, porque no tiene nada mejor que hacer.
(Se cierra el telón.)


Acto II
Every night I turn the light out
(...) find me where I'm hiding
Pink Floyd


(El escenario es la habitación de H.. Una cama deshecha sin edredón y una mesa metálica con una lamparita, una botella verde de cristal y una máquina de escribir de aspecto antiguo. No hay ventanas. H. está sentado en el borde de la cama con una camiseta negra y un pantalón de pijama también negro. Está leyendo un tomo de enciclopedia.)
H.: "Mandragora Autumnalis..." Vale, esto ya lo sabía... "Emite ruidos que se asemejan a gritos desgarradores cuando se la arranca de raíz, la cual tiene forma de cuerpo femenino..." Esto es interesante. "Crecen en determinadas zonas de los bosques en donde no da la luz..." Demasiado poético, pero aprovechable. ¡Ah, germina bajo los patíbulos gracias al semen expulsado por los ahorcados! Esto lo recordaba de cierta película de cruzadas. Entonces tiene que dar un chute de libido brutal... Veamos qué dice de la dosificación. "No existe dosificación calculada." Eso es genial... "Venenosa y curativa a la vez, puede tener efecto anestésico. ¡Su ingesta en grandes dosis puede ocasionar coma!" Tampoco tengo tanto que perder, la verdad. Me pregunto si...
(E. aparece en el lateral derecho del escenario. Pelo castaño oscuro largo, gafas doradas, complexión frágil, atractiva. Viste ropa oscura. H. la mira.)
E.: El diablo se lleva el alma al salir y un ratón ridículo ha de nacer. Tú eres el ratón ridículo, adivina quién es el diablo.
H.: Te voy a vencer y ya sé como. Volveremos a estar solos y tú desaparecerás de mi mente.
E.: ¿Con qué, con esto? (Agarra la botella de cristal.) ¿Jugo de mandrágora? Adelante. (Se acerca a H. caminando sinuosamente, con la botella por delante en todo momento, hasta llegar al camastro.) Bebe de mí, pues esta es mi sangre.
H.: Esta vez no vas a confundirme. Sé que...
(E. ya está junto a él, presionándole la botella contra el cuello.)
E.: ¿Qué sabes tú? Tú no sabes nada. Nada más que lo que yo te diga.
H.: Déjame...
E.: Sí, tanto patetismo empieza a aburrirme. (Deja la botella sobre la cama.) ¿Para qué presionarte? Sigue siendo una botella en tu cama. No durará mucho. Y a mí, como todo lo que haces, me da igual lo que hagas con ella. Bueno, con una condición, ya sabes... (Sonríe) Que sea emocionalmente agotador.
H.: Contigo todo lo es. Te odio por ello. Si me dejases en paz...
E.: No mientras siga resultando cruel. (Empujándolo, obliga a H. a tumbarse. E. le sujeta las muñecas y se inclina sobre él, con las caras muy cerca. La botella rueda y cae al suelo pero no se rompe.) La crueldad es divertida. (Roza el cuello de H. con los labios, sin llegar a besarlo, pero lo recorre entero.) Veremos hasta cuando puedes resistirte...
H.: (Entre jadeos) Vamos... hazlo ya... ¡Hazlo ya!
E.: (Susurrando y mordiéndose los labios.) ¿No eras tú el que hablaba del placer que suponía retrasar los grandes momentos? No tienes derecho a exigirme nada. A nadie. Nunca. Eres un ratón ridículo, ridículo... (Desliza su mano por debajo de la camiseta de H. y le araña. H. grita.) Y por eso nunca me tendrás. Nunca me tendrás...
H.: Porque no te merezco.
E.: Exacto... (Desgarra por la mitad la camiseta de H. y le araña el pecho, más fuerte que antes.) No tienes derecho a tenerme, ni siquiera a soñar con tenerme. Deja de rebelarte y ríndete.
H: No puedo hacerlo... te demostraré que puedo superarte. Voy a romper tu hechizo y no volverás a violarme.
E.: ¡Pues hazlo entonces! (Agarra la botella, la destapa y vuelca todo el jugo de mandrágora sobre la boca de E.) ¡Toma tu estúpida solución final, si crees que puede servirte de algo!
(H. tose, ahogándose. E. termina de arrancarle la camiseta y hace un lazo con ella.) ¿Recuerdas como germinaban las mandrágoras? ¡Vamos a fabricar una, ratón ridículo! (Echa el lazo al cuello de H. y le introduce la mano por debajo del pantalón. E. ríe. Se cierra el telón. Volvemos a escuchar los gritos desgarradores a alto volumen.)

Acto III
Take the highway to the end of the night
End of the night, end of the night
Some are born to sweet delight, some are born to the endless night
End of the night, end of the night
The Doors

(El escenario es el interior de un vagón de tren, viejo y destartalado. Escuchamos su traqueteo, ya que está operativo y en movimiento. La mayoría de los asientos no están y sólo vemos los trozos de metal que los adherían al suelo, rotos y arrancados. Sólo quedan dos. Hay una puerta automática en el centro y un botón de emergencia hacia la derecha. Algunas de las ventanas están tapadas con cartones, y las demás están totalmente a oscuras o con las persianas bajadas. La débil iluminación consiste en dos bombillas, una a cada lado, cada uno de los cuales también cuentan con una puerta para cambiar de vagón. H. está sentado, dormido, en el asiento de la izquierda. Viste de traje gris oscuro, con sombrero del mismo color sobre las rodillas. Reposa la cabeza en la ventana. Permanece así unos veinte segundos.)
VOZ EN OFF (Átona e impersonal): Próxima estación: Valle de la Vergüenza.
(H. se despierta y mira a su alrededor lentamente. Acaba incorporándose y trata de caminar por el tren, pero se tambalea y cae al suelo.)
H.: Maldita sea... ¿Dónde estoy?
(Vuelve a incorporarse y camina a duras penas hasta el botón de emergencia. Lo oprime.)
VOZ EN OFF: Servicio de emergencia de la línea "Viajando al fin de la noche" perteneciente a "Empresas de transporte subterráneo Gemeine Alraune[2]". Esperamos que disfrute del trayecto. (La voz se corta y el ruido del traqueteo cesa. Suena un pitido y las puertas se abren.
VOZ EN OFF: Valle de la Vergüenza.
(E. entra por la puerta. Lleva un elegante traje de noche negro y va maquillada. Tiene unas páginas en la mano. H. la mira.)
E: Qué razón tenía el que dijo que si hay algo que se pueda decir de un hombre, es que vive de sueños... Tienes todas las razones del mundo para dejarlo correr, mejor dicho, no tienes ninguna para no hacerlo, y aquí sigues, incapaz de perder la consciencia.
H: Hubo otro dijo que los sueños de los hombres no terminan nunca. No voy a rendirme. (Da un paso al frente. Suena de nuevo el pitido, las puertas se cierran y vuelve el traqueteo. H. no puede sostenerse y acaba cayendo al suelo.)
E.: (Ríe.) Estás muy débil después de beberte todo el jugo de mandrágora y sembrar la tuya propia. Después de semejante semilla no debe de quedarte una gota de energía en el cuerpo. (Lo mira. H. no tiene fuerzas para levantarse.) Eres lamentable. Vamos, te ayudaré a volver al asiento. Aunque... (Detiene el ademán.) Estarás mejor en el suelo. Después de todo, estamos dejando atrás el Valle de la Vergüenza. (Se sienta, cruzando las piernas. H. vuelve a intentar incorporarse, pero sigue sin conseguirlo y señala las hojas que tiene E. en la mano.)
H.: ¿Qué es eso? No me digas que...
E.: ¿Las has reconocido? Por lo visto todo lo inalcanzable te obsesiona. Las he cogido de tu escritorio para que todo el mundo sepa tus más íntimos secretos. (Ríe mientras señala al público). ¡Toda una sala llena esperando para oírlos y tú arrastrándote intentando evitarlo! Deberías alegrarte, al fin vas a conseguir causarme algo de placer.
H.: No lo hagas, por favor.
E.: Vamos con el primer caso. (Leyendo.) ¡B.! Esto es lo que le escribiste hace doce meses:
"Quiero besarte y acariciarte. Quemaré toda tu ropa para que en mi presencia siempre estés desnuda, deleitando mi vista y gozando de mis dedos y mi lengua por tu cuerpo. Besarte y morderte los labios y el cuello mientras te enroscas en mi cuerpo como Uróboros, que gimas pidiendo más y darte solo lo que yo quiera, cuando yo quiera. Disfruto viéndote caminar desnuda por mi casa, inclinándote, estirándote. Nunca tendrás frío, me ocuparé de tu cuerpo, descalza tanto en las alfombras más mullidas como en el suelo más helado. No necesitarás sábanas ni toallas, también lo seré yo. Nunca me cansaré de tí, de lamer tu sexo, de penetrarte, de nadar por tus pechos, de anidar en tu boca, de correr por tu pelo. Nunca dejaré de amarte mientras seas mía."
H.: Déjalo ya...
E: ¿Para sonrojarse, verdad? Mejor no hablar del resultado obtenido. Veamos qué más tenemos por aquí... (Pasa la página) ¡M! Con ésta chica tendremos un problema, ya que lo que le escribes es muy largo y aburrido. (Dirigiéndose al público) Para que se hagan una idea, enumera todos los detalles que adora de su cuerpo, interiores y exteriores, para acabar con "Reinas con una perfección que produce rabia al no ser yo poseedor de la dignidad necesaria para aspirar a rozarte, pero que ambos seamos conscientes de ello es el mejor de los placeres." (Larga carcajada) ¡Terrible! Y lo peor es que es cierto.
H: Cállate. No tienes ni idea.
E: (Ignorándole) Hay muchas más, pero tengo otra idea. (Alza una hoja en blanco) ¿Acaso no es esto lo que os causa tanto miedo y placer a la vez a los que escribís? Quiero que me escribas algo a mí ahora mismo. (H. intenta incorporarse, quedando de rodillas agarrado al asiento libre.) Y no digas que no puedes, porque lo harás. Te encuentras rendido a los pies de tu musa, preso en mi mundo del que no puedes ni quieres escapar, porque el dolor que te causo es lo que da sentido a tu vida. Vamos, escritor. Soy lo más inalcanzable de tu vida, esmérate.
H.: De acuerdo, lo haré. (Jadea.) Y después se acabará todo.
E: ¿Que se acabará? (Carcajada. Agarra a H. por el pelo y lo zarandea.) No sabes nada...¡No tienes por qué fingir que todo tiene sentido, que toda esta lucha sirve para algo!.
[3] No terminará nada, porque tu mente se colapsaría si dejases de pensar en mí. Por eso, por tu vulgaridad y tu patética obsesión. Tal como están las cosas, te lanzarías a dentelladas contra el suelo con tal de arrancar cualquier mandrágora que allí creciese. Así que escribe. (Toma la mano derecha de H. La acaricia lentamente y sujeta firme el dedo índice, que pincha con un alfiler y lleva al folio, que deja en el suelo. Tirando de la mano de H, este cae de nuevo al suelo, sobre el folio.) Escríbeme con tu sangre.
H.: Sí... (Escribe. Pasan un par de minutos. E. lo contempla.) Ya está...
E.: Has tardado mucho. ¿A qué esperas? De rodillas, léemelo. (H. obedece con visible esfuerzo.)
H.:
Despiertas y otra vez quiero hacer la revolución en tu cama y declarar la guerra a tu ropa y volver a tropezarme con tu falda enrollada entre el naufragio que muere en el suelo y tu habitación debe de odiarme pues últimamente nuestro sudor esta matando el olor a pino Ambipur y me lanza trampas para que me vaya pero por ahora no puedo hacer eso y corro raudo a tu interior porque volver a estar dentro de ti sabe a salvación y volver a estar dentro de ti y ya van unas cuantas veces en las últimas horas y tu cuerpo por dentro parece una fortaleza y ojalá pudiera quedarme más tiempo algún día mientras arrecia la tormenta pero en este mundo por lo visto no es posible así que salgo y me entretengo escalando la parte superior de tu cuerpo mientras finjo que resbalo accidentalmente una y otra vez hasta que me encaramo sobre tu pezón y agarro los cabellos rubios daneses escandinavos que cuelgan y me abro paso entre tu pelo y creo que se te van a caer las pecas nórdicas y ya me apresuro a procurar que se queden pegadas en tus mejillas con los labios y me empleo en eso un buen rato y el diablo se debe de llevar el alma al salir porque he subido a tu ojo izquierdo y por lo visto debe hacerte gracia porque me golpeas con las piernas desnudas y entonces ahora sí te acaricio con las dos manos repetidas veces y cuando realmente podemos decir que nos volvemos a encontrar las narices después de tanto tiempo y creo que es ahí cuando volvemos a besarnos después de muchas horas y el sabor ha cambiado tras tanto tiempo encerrado como el vino y ahora sabe a despertar y a legañas y puede que yo tenga parte de culpa en eso al haberte chupado antes el ojo pero tu lengua tampoco es que se quede quieta y se venga y está algo más áspera que la vez anterior después de haber dormido y no para de moverse como una serpiente y ahora creo que es verdad que tienes raíces del norte y que en otra vida fuiste vikinga y por eso tu piel es tan blanca que te deslizas desnuda por todos los rincones de la habitación y puedes pegarte al techo y reptar por los cuadros mientras sin darme cuenta me empalmo de nuevo ligeramente y por casualidad y no sólo por ti sino porque suena el disco de Christina Rosenvinge y debo confesarte que todo este tiempo he fingido contigo y te he puesto su cara y su cuerpo y su voz y su piel y lo demás obviamente me lo he imaginado y no miento si te digo que no sé nada de ti y ya no creo que sea necesario saberlo porque debes de ser tan insulsa que con Christina no puedo y contigo sí. (H. se levanta ante E., la cual queda en shock.)
H.: ¿No esperabas este final, verdad? (Golpea con fuerza el botón de emergencia y escuchamos el sonido de una sirena a alto volumen.)
E.: ¿Qué...? ¡No! ¡No hagas eso!
H.: (Gritando para hacerse oír sobre la sirena) Sólo han sido palabras, también lo fueron antes. Pero si con eso es suficiente para hacerte vacilar, lo aprovecharé. ¡Intenta atraparme ahora! (El vagón da una sacudida y las tenues luces parpadean. E. cae del asiento y H. llega trastabillando hasta la puerta de la parte derecha.)
E.: ¿Adonde irás? Esta línea viaja en mitad de ninguna parte. ¡No puedes escapar!
H.: Entonces me voy mucho más lejos, donde esté fuera de tu alcance. (Abre la puerta y desaparece tras ella. E. queda en el suelo del vagón. Las luces se apagan y el sonido de la sirena va disminuyendo.
VOZ EN OFF:
Servicio de emergencia de la línea "Viajando al fin de la noche" perteneciente a "Empresas de transporte subterráneo Gemeine Alraune." Próxima estación: Final de trayecto.
(Se cierra el telón.)

Acto IV
It's never over
My kingdom for a kiss upon her shoulder
Jeff Buckley

(El escenario es un parque en otoño. Hojas anaranjadas en los árboles y en el suelo. En el centro hay un banco de madera pintado de negro, en el cual está sentada E. Ahora está vestida con ropa normal, de calle. Está leyendo un cómic. H. aparece por la parte izquierda, vistiendo el pijama del acto II pero mucho más roto y gastado. Está despeinado y sin afeitar, visiblemente cansado. E. le mira sorprendida.)
H.: Déjame de una vez.
E.: Pero, ¿de dónde sales? ¿Qué te ha pasado?
H.: Como si tú no lo supieras. Después de la noche que me has dado, aún te dignas a aparecer...
E.: Pensaba que ya habíamos dejado eso de lado. (Suspira.) Me incomodas. Y ya que sacas el tema, he pasado la noche... fuera. No tienes buen aspecto.
H.: Claro. Por supuesto. La noche... la noche ha sido... (Camina unos pasos enfurecido hacia el banco, pero se desploma al llegar y cae al suelo.)
E.: ¡H! (E. hace ademán de inclinarse a ayudarlo, pero H. la rechaza extendiendo el brazo frente a ella.)
H.: No te acerques a mí. No me toques nunca más. Te... (Sufre una convulsión y se agarra la cabeza con las dos manos.) ¡Argh!
E.: Ya veo. ¿Has vuelto a dormir con la botella. verdad? Creí que te dejaba peor, pero siempre vuelves a caer.
H.: Bien lo sabes tú... Joder, claro que sí. Venenosa y curativa a partes iguales. Te maldigo.
E.: Oye, respétame. Que no pueda darte lo que quieres no significa que no quiera ayudarte. Pero tú me odias, y me haces daño así. ¿Crees que no me duelen las miradas llenas de rencor que me lanzas? Echo de menos llevarnos bien como antes. Me das miedo, maldita sea. Pensaba que si nos distanciábamos ibas a dejar de echármelo todo en cara, pero...
H.: No... si en el fondo lo sé. (Tose.) Sólo quiero que salgas de mi cabeza, porque me estás matando.
E.: ¡Pero yo no tengo nada que ver con eso! Todo lo tienes ahí dentro.
H.: (Susurrando) ¿Y... y crees que no sé eso también? Pero te sigo necesitando aunque no sea de verdad, joder. (Agacha la cabeza.) No me va bien borrarte sin más, ni puedo hacer eso.
E.: Yo tampoco. No me gustaría... pero tampoco me gusta cómo estamos ahora.
(H. extiende los brazos. E. lo ayuda a incorporarse y termina abrazándolo para sentarlo a su lado en el banco. Permanecen así.)
H.: Eres como si... Me vino una imagen el otro día a la cabeza. Ojalá dibujase mejor... Imagínate a Batman con su traje frente al espejo de su cuarto de baño. Se ha quitado la máscara. En sus manos hay utensilios de maquillaje, y amontonados en el lavabo sprays de pintura. Se ha pintado toda la cara como el Joker, blanca, roja, negra, y teñido el pelo de verde. Torpemente, mal, en un ataque de locura...
E.: Porque lo necesita para no volverse loco del todo. Necesita apoyarse en su némesis para sentirse vivo, para tener una meta. ¿Eso soy yo para tí? ¿El mal soportable?
H.: Mucho más que eso. El mal necesario.
E.: Gracias, supongo... (Imitando al Joker.) ¡No tienes por qué fingir que todo tiene sentido, que toda esta lucha sirve para algo!

(H. la aparta de un empujón y se levanta de un salto.)
H.: ¡Aléjate de mí! Lo sabía.
E.: ¿Por qué has hecho eso? Yo...

H.: Venga ya, deja de aferrarte. Deja de intentarlo, porque se tiene que acabar. Diablos, tenía que haberse acabado al primer aviso. Todo lo que ha venido después ha sido una estupidez que no hace más que amargarme la vida. (La señala acusadoramente.) Te lo habría dado todo. TE LO DÍ TODO, JODER. No finjas no saber todo el tiempo que sacrifiqué por una esperanza. Una ESTÚPIDA, FRÁGIL y PUTA esperanza. Un millón de deseos que habría cambiado sólo por sentirte una vez, y todo eso desapareció de repente. ¿Tu misterio? ¿Dije que necesitaba tu misterio? Claro que sí, pero tu misterio desapareció cuando revelaste tu verdadera cara y me diste la espalda.
E.: H., lo siento...
H. ¡CÁLLATE! Se tiene que acabar, y se va a acabar, y te voy a ganar. Te gané esta noche y me la he pasado entera huyendo de tí a través de no quieras saber cuántos lugares siniestros que no se acabaron hasta que salió el sol y te convertiste en piedra. Te he ganado, así que desaparece. Ya no me importa seguir sabiendo que disimulas porque te mueres por que alguien te incendie por dentro, y eso es lo que te mata.

E.: Ya me voy... (Con un nudo en la garganta.)
H.: Nunca más voy a escapar, ya estoy cansado. Te destierro de mi vida, ¿lo entiendes? Es la última flecha que disparo. Ya no te necesito. Estoy mejor sin tí, ¿no lo ves? ¿NO LO VES?
E.: Tranquilo, H. (Entre lágrimas.) Ya me voy. (Se levanta y camina hacia el lado derecho del escenario hasta desaparecer.)
H.: Vuelve al sitio de donde nunca debiste... (Siente otra convulsión y cae al suelo entre gritos. Se cierra el telón.)


Acto V
Y después se hizo el silencio y el silencio fue a parar
a una especie de pesada y repartida soledad,
y la soledad dio paso a un terror que hacia el final
nos mostró un mundo del que ninguno quisimos hablar.
Nacho Vegas

(El escenario es de nuevo la consulta del Dr. Rimunades. Sentado en el sofá sin mirar a H. tumbado en el diván, ya arreglado y con la misma ropa del primer acto.)
H.: Fue agotador, ¿sabe? Todo ese rencor saliendo. Pero valió la pena.
RIMUNADES: Ya veo. ¿Qué ha sido de ella?
H.: ¿Cómo quiere que lo sepa? Hice eso para no tener que verla nunca más, y procuro cumplirlo. Además, ¿no era usted el que decía que sólo le interesaba hablar de las personas que se encontrasen en su consulta?
RIMUNADES: Intentaba encontrar algún punto interesante de su historia, no se moleste. Entonces podemos decir que el jugo de mandrágora funcionó. ¿No es así?
H.: ¿Se refiere a ésto? (Saca la botella de dentro de su chaqueta y la sostiene en alto. Apenas le queda un poco de contenido.) Por favor, no vuelva a recetarle esto a nadie. Produce las peores alucinaciones, Al menos eso quiero creer. (Deja la botella en el suelo.)
RIMUNADES: De acuerdo con su relato de la experiencia en el tren, parece lo más plausible. Pero sin ello no habría encontrado el valor, por llamarlo de alguna forma, para decirle a esa pobre chica lo que le dijo.
H.: Lo que sea, pero jamás volveré a beber nada semejante. No quiero volver a ese horrible mundo donde ella hace lo que quiere conmigo. Sabe... me humilló delante de toda una sala llena de personas que nos estaban mirando. Tenía cosas íntimas que usó en mi contra.
RIMUNADES: Propio de un ser abyecto y cruel, desde luego. (Lanza una mirada cómplice al público.) Bien, entonces, ¿qué es lo que ha aprendido?
H.: Que debemos preparar a las nuevas generaciones. Enseñarles a considerar la posibilidad de que el amor no sea suficiente para salvarles. Casi me cuesta la vida, pero yo lo he aprendido y ahora soy una persona nueva. He vuelto a cumplir los plazos de entrega, no he vuelto a beber por las noches ni ella ha vuelto a visitarme.
RIMUNADES: ¡Oh, misericordia!
H.: También he aprendido a no obsesionarme con algo que no conduce a nada y a no quemar mis esperanzas en ello, porque puede resultar fatal. Hay que ser cauto y actuar racionalmente ante todo. Y no hay que arriesgarlo todo por nadie, porque nadie lo hará por nosotros. Al fin y al cabo, es sólo una relación emocional intensa que se acaba. Se acaba, y el sol sigue saliendo, la gente sigue sin tener ni puta idea de música y el puerto sigue al lado del mar. La vida debe seguir, y lo hace. Si estás vivo, tienes que jugar. Sólo tengo algo que me molesta...
RIMUNADES: Dígame.
H.: No he vuelto a escribir una línea medianamente decente. Es como si me faltara su chispa para inspirarme, como antes lo hacía. Me preocupa no volver a ser el de antes. Antes no dudaba de mi talento, sólo del criterio de los demás. Ahora, por primera vez, dudo. Y tal vez, si ella...
RIMUNADES: También puede buscarse un trabajo de verdad.
H: ¿Qué quiere decir?
RIMUNADES: Que ahora que ha conseguido librarse de su obsesión, podría empezar a ponerse serio ante la vida. Ya sabe, asumir responsabilidades que antes no podía hacer. Estudiar una carrera, el coche, trabajar de sol a sol, cuidar las relaciones sociales y familiares, forjarse una reputación, cuidar su salud, hacer algo por los demás. Esas cosas que todo el mundo hace. En fin, señor H. Lo veré la semana que viene. Tengo que irme a recoger a mis nietos del aeropuerto. (Se levanta.) Le acercaría de paso al centro, pero es pronto para una terapia tan vertiginosa, me temo. (Se pone el abrigo, coge el sombrero y el paraguas y sale de la consulta.)
H.: Claro, doctor... Muchas gracias. (Se cierra la puerta. H. mira a su alrededor, fija la vista en la botella y tras unos instantes la coge. La abraza y se acurruca en el diván. Vuelven a sonar los gritos desgarradores. Se cierra el telón.)

FIN

Imagen de portada: "Embrace", por Laurie Lipton

La próxima vez lo haré mejor. Eso es lo único que merezco dedicar.


[1] Antidepresivo.

[2] Nombre alemán para Mandragora Autumnalis.

[3] Alan Moore, "La broma asesina"